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PALABRAS DE HOMENAJE A LOS INICIADORES DE LA EMANCIPACIÓN MUNICIPAL
DE LOS PUEBLOS MONTEÑOS
(DISCURSO REALIZADO POR VENTURA LEBLIC)
Buenas tardes:
Sr. Obispo de C.
Real, Sr. Párroco, Sr. Alcalde, Sr. Consejero, Directores y Delegados
Provinciales de Ciudad Real y Toledo, Señores diputados regionales, señores
diputados provinciales de Toledo y Ciudad Real, señores alcaldes y concejales,
amigos de los Montes y vecinos de Retuerta.
Iniciamos en
estos momentos un acto histórico a la vez que simbólico. Celebramos en el mismo
lugar que lo hicieron nuestros antepasados, una llega. Estos muros acogieron
durante varias centurias las reuniones de los representantes de los pueblos de
los Montes, agrupados en un principio en una Hermandad que después de 1246 tomó
el nombre de Toledo, como el resto del territorio monteño. Esta Hermandad
conocida como "Vieja" para diferenciarla de la fundada por los Reyes Católicos,
fue creada para guardar los Montes de salteadores, bandoleros y permitir el
libre desenvolvimiento de la acción repobladora. Sus miembros fueron hermanos, o
representantes de los intereses ganaderos y apicultores en el territorio y
cuadrilleros, representantes
de las siete cuadrillas en que fue dividida la comarca, que era vecinos de los
Montes.
En el año 1300
celebró la primera llega conocida junto al río Estena, la Hermandad Vieja de
Toledo, en el lugar que hoy ocupa Navas de Estena. Pocos años más tarde buscando
la mayor eficacia en la persecución de los golfines y llevar la paz al
territorio, se unieron las hermandades de Toledo, Talavera y Ciudad Real en otra
llega celebrada como las anteriores en un descampado junto al Estena. De esta
manera las llegas fueron unos verdaderos ancontecimientos sociales en la vida de
los Montes, que dieron lugar incluso al nacimiento de pueblos, como Navas de
Estena y quizás Retuerta.
Durante el siglo XIV se reunieron cada año en el lugar señalado, salvo en
aquellas ocasiones que lo impedían las pestes o las guerras. En el siglo XV se
fueron distanciando y reuniéndose en distintos lugares como Las Ventas con Peña
Aguilera, San Pablo, Retuerta y El Molinillo. En este último lugar, se abandonó
la tradicional costumbre de celebrarlas en descampado, pasando la interior de
las iglesias. Era algo frecuente, como ustedes conocen, el reunirse en los
recintos eclesiásticos para tratar asuntos civiles; cito como ejemplo las cortes
celebradas en Toledo o en otras ciudades, siempre en el interior de las
iglesias, costumbre que nos remonta a la iglesia hispano visigoda con los
concilios toledanos; por no alejarnos mucho de nuestro entorno geográfico.
Las llegas
posteriores al siglo XVI, son más escasas y en la centuria siguiente, sólo
conocemos las que se reunían exclusivamente los representantes de los dieciséis
pueblos de los Montes, que hoy denominamos Zona Histórica de la Comarca, bajo
estas cubiertas del templo parroquial de Retuerta, que les acogieron hasta el
siglo XIX, donde tras un sencillo ritual y misa por los procuradores del común
difuntos, comenzaba una reunión puramente civil. A esto me refería al
comentarles que hoy celebramos un acto histórico que enlaza con la costumbre de
muchos siglos en la historia civil y eclesiástica de España.
Por todo
ello quiero agradecer al señor obispo de Ciudad Real y al párroco de Retuerta la
deferencia que han tenido con nosotros para prestarnos esta santa casa que
representa todo un símbolo para la historia de los Montes de Toledo y sus
instituciones, puesto que fue nuestro pequeño "parlamento", que aún preside San
Bartolomé al que ya nos gustaría interrogarle sobre muchos episodios y donde hoy
nos reunimos también a parlamentar y recordar un hecho que desencadenó una
revuelta campesina apoyada en la Constitución de 1812, para conseguir que los
concejos de los Montes y sus habitantes fueran considerados libres de una
autoridad señorial anacrónica e iguales en derechos y deberes que los demás
españoles.
La llega de 1813 celebrada en Retuerta y la rebeldía
constitucional de su ayuntamiento fueron los primeros pasos que condujeron a lo
largo del siglo XIX a la independencia municipal de los dieciséis pueblos bajo
el señorío de Toledo durante seiscientos años.
EMANCIPACIÓN MUNICIPAL DE LOS PUEBLOS MONTEÑOS
En
el año 1246 nacía un señorío solariego controvertido, contestado y aún hoy
discutido. Se trata del Señorío Municipal de la ciudad de Toledo que nace por
compra que hizo el concejo toledano al rey Fernando III de Castilla. El
territorio incluía un millón y medio de fanegas, con dieciséis pueblos que el
paso del tiempo estabilizó, cuyos límites histórico-geográficos comienzan por el
E. "en la raya de la dehesa de las Guadalerzas y Montes de Malagón, hasta
terminar por occidente en los estados de Valdepusa y por el N. principiando en
las sierras del Castañar y Ventas con Peña Aguilera, terminando al S. en lo alto
del puerto de Villarta y en el sitio llamado la Hoz del Guadiana. Tiene de
oriente a poniente 17 leguas de longitud y 11 de Norte a mediodía..."
Descripción que facilitaba el agrimensor D. Julián Antonio López en 1821 y
copiada por Madoz más tarde.
La
relación entre los vecinos de los Montes, descendientes de los primitivos
repobladores, hombres libres acogidos a los fueros que favorecieron la
repoblación y de los que se refugiaron en ellos buscando la libertad entre lo
agreste del territorio conocidos por "golfines"
y Toledo, fue siempre hostil. Ya que si bien Toledo trató de explotar las
riquezas de estas tierras poco pobladas en el medievo sin cargas fiscales para
sus habitantes, cuya vida ya se hacía difícil en este medio no sólo por su
geografía sino por el acoso de los golfines, a partir del siglo XV comenzó a
gravar a sus "vasallos" con el dozabo que suponía de cada unidad de producción
deducir una para Toledo. Si a ello se añadía el diezmo para la Iglesia y otros
de carácter general, las pobres economías se mantenían en un estado de pura
subsistencia, provocando una situación que nunca los monteños aceptaron de buen
grado por abusiva. Si a esto añadimos que sus apelaciones judiciales debían
hacerse ante un juez que nombraba Toledo entre sus regidores, la situación de
indefensión era patente ya que Toledo se convertía en juez y parte de cualquier
demanda. Por lo que en numerosas ocasiones saltándose al juez impuesto por
Toledo, denunciaron ante la justicia ordinaria el comportamiento de la Ciudad,
origen de los numerosos pleitos mantenidos entre monteños y el ayuntamiento
toledano a lo largo de los siglos.
Toledo trató de
regular la convivencia con sus "vasallos" firmando con ellos una Concordia en
1578, que también incumplió continuamente, pese a las quejas de los monteños.
En esta situación
los habitantes de la comarca no encontraron condiciones favorecedoras para su
desarrollo económico y social, ya que como hemos visto la fiscalidad y las
condiciones impuestas, impidieron toda evolución, de tal manera que su población
siempre fue muy baja no superando los diez mil habitantes hasta el siglo XVI y
los doce mil en el XVIII. Es a partir de la independencia de Toledo en el siglo
XIX cuando la población aumenta coincidiendo con los repartos de tierra, su
cultivo y explotación por los vecinos. En ello podemos descubrir una relación
entre la desaparición de la administración medieval anacrónica y el comienzo del
desarrollo moderno de la comarca, con la potenciación de la agricultura. Momento
que nos lleva a principios del siglo XIX. Mientras que el ayuntamiento toledano
está dominado por la ocupación militar francesa, la comarca de los Montes
defiende a la Junta Central, con las guerrillas que la respaldan, circunstancia
que distanciará a los monteños del control directo de la ciudad durante algunos
años, en los que se van a introducir cambios sustanciales en al política
española, con la aparición de nuevos decretos desde Cádiz y la promulgación de
la primera Constitución.
Por la abolición
de los señoríos de 1811 los pueblos se consideraron administradores de sus
propios términos y destinos planteándose la cuestión sobre el carácter del
dominio de Toledo sobre el territorio comarcal. Y aunque esta situación
jurídica se merece un estudio aparte, nos interesa conocer, que en nuestra
comarca histórico-geográfica la Ciudad ejerció un dominio de propiedad por la
compra de 1246 formando un señorío solariego, y aunque no hay duda de la
existencia de bienes particulares, dehesas boyales y de pequeños términos de
dominio comunal, tampoco la hay sobre que Toledo no ejerció facultades
jurisdiccionales hasta fechas muy posteriores a la compraventa señalada, por lo
que se ha puesto en duda que aquel acto transacional llevase implícito la
jurisdicción que posteriormente ejerció la Ciudad, con la rebeldía y
contestación a través de los sucesivos pleitos interpuestos desde el siglo XIV,
por los pueblos monteños.
El movimiento
emancipador de nuestros concejos, apoyándose en las leyes abolicionistas,
rechaza la propiedad de la Ciudad sobre los Montes, afirmando que los vecinos
son los legítimos propietarios del territorio, ya que el único requisito a
cumplir sería la devolución a Toledo del costo de la compra, del que su
Ayuntamiento, decían, durante seiscientos años ya se había resarcido con creces.
Así pues la relación señorial-feudal entre Toledo y los Montes, debía ser
abolida y la dominical o propietaria, debía ser transformada en propiedad
particular, según las disposiciones de 1811, 1823 y 1837.
El 5 de
septiembre de 1813, se reunieron en Retuerta los procuradores de las justicias
de Ventas con Peña Aguilera, San Pablo, El Molinillo, La Retuerta, Arroba,
Alcoba, Fontanarejo, Navalpino, Hontanar y Navahermosa, acordando elevar un
manifiesto al Rey en representación de los dieciséis pueblos de los Montes, en
el que exponen sus deseos de ser reconocidos como "ciudadanos de la Monarquía y
no vasallos de Toledo" y "ser villas realengas independientes de Toledo" y
ofrecen entregar a la ciudad la misma cantidad que pagó a Fernando III, y
eligen a cuatro representantes que firman el documento.
Toledo al tener
conocimiento de la "proclama" se dirige al Rey "quejándose en forma de los
atentados y procedimientos de los cuatro que firman" el documento a quienes
califica de "seductores y perturbadores de la tranquilidad y sosiego que debe
reinar en todo tiempo" llamándoles insubordinados, desobedientes y provocadores
de desórdenes en los Montes... "todo ello -dicenpromovido y alterado por D.
Ezequiel Blanco Berdeja cura del lugar de la Retuerta, Ambrosio Martín que
continúa de alcalde del lugar de las Ventas con Peña Aguilera... Melchor Alameda
vecino de Navahermosa y Felipe Fernández Lancha que lo es de San Pablo..." Era
el postrer grito de una autoridad que ya lo era menos y que pretendía cerrar los
ojos a una realidad que imponían los tiempos modernos cargados con nuevos aires
de libertad y justicia. Siendo éste el primer acto formal en solicitud de la
emancipación, reconocida por la Constitución de 1812.
Arremetió Toledo
contra el cura de Retuerta, quejándose al Arzobispado por inmiscuirse
en asuntos civiles. Contesta el párroco que la "petición" de independencia al
Rey era continuación de otro intento promovido en 1791, arguyendo que firmó el
manifiesto a ruego de sus feligreses presentes, a la vista "de la grande miseria
en que se halla reducido hoy la Retuerta" entendiendo que la emancipación de
Toledo, supondría mejorar la vida de los habitantes de los Montes. No obstante
tuvo que obedecer a sus superiores.
Pero al año
siguiente, tomó el relevo del párroco de Retuerta, el nuevo ayuntamiento del
lugar compuesto por Nicolás Iglesias, alcalde, Gregorio Alonso, Sandalio Martín
y Romualdo Rodríguez, quienes el 3 de abril suscriben un documento de pura
rebeldía constitucional que envían al consistorio toledano en el que afirman que
"el Ayuntamiento del lugar de Retuerta de los Montes se halla revestido de las
mismas facultades, autoridad y representación que el de la ciudad de Toledo" y
afirma que "no reconocen la autoridad de los guardas de Toledo" ni los
"despachos cobratorios del dozabo" y continúan diciendo que "si hasta ahora por
un efecto de la gran moderación del alcalde de Retuerta, no se ha procedido
contra el cobrador del dozabo, si otra vez viniese con semejante comisión
extendida en semejantes términos, se le hará el competente sumario y se le
juzgará según las nuevas leyes constitucionales". Alegaban la abolición del
tributo por el decreto de 6 de agosto de 1811, que Toledo ignoraba o lo
interpretaba a su favor y conminaban a la Ciudad diciendo: "... por lo tanto
dejese Toledo de incomodar a Retuerta sobre un tributo tan gravoso y que gracias
a las Cortes, esta ciertamente exonerada desde el 6 de agosto de 1811 y más
clarito desde el 13 de julio de 1813 en cuyo Real Decreto al capítulo 3° ...
concluye toda duda... Los montes y arbolados del alcabalatorio de Retuerta son
del común de sus vecinos desde el 6 de agosto de 1811 y de ningún modo
pertenecen a V.S. (Toledo), por lo que no pueden venderlos, ni arrendarlos, ni
aquí se reconocen guardas para efecto alguno..." Iniciaba así Retuerta su
autonomía municipal, de manera contundente, aunque, el camino fue
insospechadamente más largo para todos los pueblos. La vuelta del absolutismo
paralizó las reivindicaciones monteñas, que se retoman en el paréntesis liberal.
Tras una nueva Llega, quizás la última de los pueblos de los Montes, dan poder a
Santiago Antonio Arroyo, alcalde de Navalmoral de Toledo y a D. Miguel Azaña
presbítero natural de Los Navalucillos, para dirigirse en su representación a
las Cortes, el 28 de octubre de 1820, "en reclamación de la libertad de sus
propiedades y derechos". Las Cortes reconocieron la extinción del señorío y sus
consecuencias, devolviendo la jurisdicción a los pueblos monteños, aunque una
Real Orden de 1827 reconoció que la propiedad de los Montes era de Toledo y sus
vecinos no podían acceder a ella si no era mediante un censo enfitéutico o
arrendamiento. Después vendrían las leyes
desamortizadoras de 1855 y 1856 que forman otro capítulo complejo
de nuestra historia, pero ya libre el territorio de la autoridad toledana.
Después de 150 años, Toledo y los pueblos del viejo señorío, han vivido en el
olvido de la historia. Hoy cada pueblo goza de su propia identidad
administrativa, pero sus raíces no están en otro lugar que en el común de los
dieciséis pueblos y los episodios relatados forman parte de un pasado no tan
lejano, que esperamos recordar sólo en aquello que nos ayude a unirnos y a
fortalecer la solidaridad para luchar por el desarrollo de nuestra comarca,
teniendo como ejemplo a quienes iniciaron la búsqueda de una primavera donde,
como decía Machado, nos encontremos todos, y añadimos: los del monte y los del
llano, los de este lado y los del otro, soñando caminos y derribando murallas,
con un bello propósito de progreso para nuestra comarca.
Texto obtenido de la revista de Estudios
Monteños

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