Inicio
Ayuntamiento
Pueblonuevo
El Molinillo
Noticias
Turismo
Cultura
Historia
Geografía
Imágenes
Imágenes del Ayer
Casas Rurales
Bares y Restaurantes
Los Negocios
Tu Sección
Buscador
Enlaces
Chat


AYUNTAMIENTO

DE

RETUERTA DEL BULLAQUE

 

 

 

 

LA POBLACION DE LA ZONA SUROCCIDENTAL DE LOS MONTES DE TOLEDO (III)

POR

FERNANDO JIMENEZ DE GREGORIO

LA POBLACIÓN EN EL SIGLO XVIII

Documentación y cartografía

            La abundosa documentación que se ha utilizado en los siglos XVI y XVII para ilustrar el pasado geográfico, economía y sociedad de esta zona de los Montes, casi desaparece en el siglo XVIII, no encontrándose apenas en el próvido Archivo Municipal de Toledo. En cambio, aprovechando la documentación general, se consigue montar la geografía de esta centuria, tomando como base los catastros, censos. relaciones y mapas que se hacen en ella.

            En cuanto a los mapas, aparte el de los jesuitas padres Martínez y De la Vega (1739-1743), de difícil reproducción v lectura, dado su color, interesa destacar dos mapas, debidos ambos a Tomás López y Vargas Machuca, uno de 1768 y otro de 1792; cartas generales o del arzobispado de Toledo, que localizan con claridad los pueblos y principales accidentes que caracterizan la zona estudiada. El primero ya fue comentado en anteriores publicaciones nuestras en esta Revista; el segundo, conservado en la Biblioteca Nacional, en la sección correspondiente, se dedica por su autor al arzobispo de Toledo Francisco Antonio, cardenal Lorenzana; dividiéndose en vicarías generales, de partido y cuadrillas, amén los prioratos. Se destacan algunas comarcas, tales los campos de Calatrava y Montiel y los Montes de Toledo. Pero seguramente, para nuestro objeto, el de mayor interés sea el que apareció en 1768.

Notas sobre la población

            Ahora ya, desde esta centuria culminante, que es la decimoctava, cuando se ha salvado la ingente depresión habida en el siglo XVII y comienzos del XVIII, es el momento de dar una breve nota sobre el contenido de las centurias precedentes: XV, XVI, XVII y XVIII. En el XV, es el gran siglo de la repoblación del territorio, surgen los principales núcleos y el más decidido propósito de volver a poblarle, desde los tiempos musulmanes. Las centurias XVIII y XIV pasaron en balbuceos, en intentos de situar sobre nuestro áspero suelo una organización básica, que sólo en el xv se ve perfilada. La decidida protección de los Reyes Católicos v las facilidades más o menos legales que otorga a los nuevos moradores el Ayuntamiento toledano, hacen que el siglo XVI suponga un poderoso avance en esa política organizadora. Los núcleos de población surgidos, o reafirmados, en el XV son flamantes municipios, gobernados por sus justicias, sostenidas por los concejos abiertos. Ya en esa centuria las ordenanzas de casi todos los lugares muestran el decidido propósito de una organización jurídica, económica, de un deseo de convivencia v, lo que es más, de ser, (le pervivir. El siglo XV es el de la repoblación y el XVI representa la organización, en tanto que el XVII abre la profunda quiebra de la decadencia, que no se cerrará hasta mediado el siglo XVIII, que viene a significar la centuria de la reafirmación o consolidación. Atrás han quedado, convertidos en recuerdo, los lugares que, a lo largo de esas centurias, se han venido hundiendo en la despoblación y en el abandono; son testigos del afán de los hombres, intentos fallidos de su energía para levantar, con esfuerzo y sacrificio, el territorio, poniéndole en la corriente humana de las cosas vivas.

            En situación precaria, en su mayoría, perviven los núcleos urbanos, que a la vez son municipios, de Alcoba, Arroba, Fontanarejo, El Horcajo, El Hornillo, El Molinillo, Navalpino, Las Navas de Estena y La Retuerta del Bullaque. En el mapa de Tomás López de 1768 se menciona el caserío de La Torre, una casa llamada La Venta Nueva, que por vez primera aparece en la comarca ; se localiza en un agreste vacío de población, entre los poblados del norte y los meridionales, al norte de la sierra del Espinazo del Can. También se localiza el caserío que forman los Molinos de Río Frío, cerca de la desembocadura del Río Frío en el Estena.

            La relación de vecinos de 1725 es un documento precioso para conocer la población en estos años posteriores a la desastrosa guerra de la Sucesión, sirviendo de unión entre la estadística del siglo XVII, que ya vimos, y las numerosas habidas desde mediados del siglo XVIII. Esta centuria se divide en dos grandes y desiguales períodos. El primero, que arrastra la decadencia iniciada a finales del XVI, acentuándose por la mencionada guerra hasta casi el 1740, y la de reconstrucción, que ya ocupa el resto de la misma. Sobre esta base no es extraño que el vecindario de los Montes, que venimos estudiando, acuse muy sensiblemente esta vida precaria, esta prolongada decadencia en una sensible, mejor diríamos drástica, disminución de vecinos. Veamos : Alcoba, 19 vecinos ; Arroba, 95 : Fontanarejo, 66 : El Horcajo, 77 ; Navalpino, 76 : Las Navas de Estena, 6 : La Retuerta del Bullaque, 30. De El Molinillo se dicen estas palabras : "Está despoblado, pues sólo tiene tres vecinos, que son : el cura, que no vive en él, el sacristán y un labrador : así tiene dos vecinos."

Fig. 1.-El caserío de La Retuerta del Bullaque, sobre un meandro del río. (Foto aérea tomada en marzo de 1945.)

            En el transcurso de setenta y nueve años, que van desde el censo comentado ya, de 1646, a la relación de 1725, que ahora se considera, la baja del vecindario es abrumadora, cifrándose en unos 1.484 habitantes. Ha perdido, en relación con el censo precedente v en tres cuartos de siglo, más de 500 moradores.

            Como núcleo, va nada se dice en esta relación de El Hornillo. Han perdido vecindario Alcoba, que pasa de 48 a 19: Fontanarejo, de 85 a 66; El Horcajo, de 109 a 77; El Molinillo, de 27 a 2 : Las Navas de Estena, de 13 a 6, y La Retuerta, de 44 a 30. O sea, que se reduce a la penosa situación de despoblado El Molinillo, en tanto que Alcoba y Las Navas rondan, con su parco vecindario, aquella situación. Sólo Arroba gana tres vecinos y Navalpino cuatro.

            Superado ese difícil momento, en el que desaparece El Hornillo v se despuebla El Molinillo, las estadísticas que se inician a mediados de la centuria, y cubren esos últimos cincuenta años, muestran en general un movimiento ascendente más o menos sostenido, según los pueblos, que evidencia la consolidación que es la tónica del siglo XVIII. Así lo demuestran las estadísticas de vecinos de los años 1752 y 1782, que figuran en el cuadro 1.

 

1752 Vecinos

1768 Habitantes

1782 Vecinos

1787 Habitantes

Alcoba

30

162

45

206

Arroba de los Montes

120

465

128

385

Fontanarejo

66

311

60

290

Horcajo

140

447

130

514

Molinillo

10

-

-

-

Navalpino

120

416

90

496

Navas de Estena

14

28

-

Retuerta de Bullaque

70

284

_

-

            Todos los núcleos, sin excepción, se recuperan e incrementan su vecindario, y aunque algunos retroceden a finales del siglo, mantienen, en general, cifras que significan, en el peor de los casos, consolidación como núcleos urbanos. Ya el peligro de su desaparición como tales ha pasado y, con más o menos trabajo, se mantienen o aumentan el censo. Así vienen a confirmarlo dos nuevas estadísticas, ahora referidas al número de habitantes, de los años 1768 y 1787 (ver cuadro 1).

            El Horcajo, en el segundo de los años referidos, rebasa el medio millar de habitantes, seguido de cerca por Navalpino. Sin duda el núcleo que se recupera más lentamente es el de Las Navas de Estena.

            Sobre estas bases estadísticas, algunas incompletas, se puede calcu­lar la población global ele la, zona considerada, en las siguientes cifras : Año 1752, 2.280 habitantes; 1768, 2.153, y 1787, 2.190 habitantes. Estas cifras dan esa sensación de que el vecindario se afirma. En la población de 1752 se incluyen en las cifras dadas los vecinos que tributan, las viudas, los menores y los pobres, o sea, el vecindario útil, representado por los primeros, y el llamado inútil, por no tributar, que se refiere al cuarto, o sea a los pobres de solemnidad, exentos de cualquier pecho o carga tributaria.

La población en 1787, en habitantes, con expresión del estado civil

 

Solteros

Casados

Viudos

Total

Alcoba

119

80

7

206

Arroba de los Montes

203

146

36

385

Fontanarejo

166

92

32

290

Horcajo

274

208

32

514

Molinillo

14

17

4

35

Navalpino

284

174

40

496

Navas de Estena

     

 

Retuerta de Bullaque

121

99

16

236

Dinámica de la población. Enfermedades. Las viviendas

            El nivel de mortalidad en los núcleos de población del territorio estudiado es muy alto: a veces hay poca diferencia con las cifras de natalidad, si no es que la supera. Generalmente nacen muchos niños, porque suelen ser fecundas sus mujeres, pero en esta centuria decimoctava fallecen también muchos, sin llegar a cumplir el año. Tenemos, al respecto, datos muy elocuentes de 1782. En Fontanarejo, en un plazo de treinta v cuatro años, nacieron 470 personas v falle­cieron 480 o sea, 10 más. En El Horcajo la proporción es más op­timista: Nacen 112 v fallecen 97; por último, en Navalpino nacen entre 16 y 2) v mueren 16

            Estas cifras' explican dramáticamente el estancamiento de la población, el trabajoso, lentísimo, crecimiento v, a veces, su retroceso en cuanto una causa o motivo adverso se cierne sobre los poblados. Las enfermedades más frecuentes son dolores de costado, como llaman a la pleuritis, erisipela, tercianas en el verano v cuartanas en el otoño. En Arroba "hay muchos tullidos de corta edad, que se curan fácilmente con tortas de sacorsera". Los servicios sanitarios son mínimos. Se carece de hospitales y de médicos; generalmente hay un cirujano o un practicante de cirujano. Al cirujano, en el mejor de los casos, se reduce todo. Nada se habla de boticarios, aunque se mencionan algunas hierbas medicinales.

Los caseríos son concentrados, "no habiendo, como no hay, en el recinto de este término alquerías, ni casas de campo", repiten ma­chaconamente los declarantes en el Catastro. El número de vivien­das que integran los poblados nos ayudará a conocerlos v a considerar, una vez más, sus posibilidades.

Viendas habitadas y arruinarlas, en 1752

 

Viviendas Habitadas

Viviendas arruinadas

Alcoba

35

2

Arroba de los Montes

129

6

Fontanarejo

82

22

Horcajo

134

16

Molinillo

9

40

Navalpino

110

0

Navas de Estena

16

3

            Los núcleos más densos los tenemos en El Horcajo v Alcoba. El más modesto es El Molinillo, que ofrece la espectacular quiebra de 40 casas arruinadas, contra nueve habitadas, que muestran el estado de total postración de este pueblo.

Montes y colmenares. Los pastos y la ganadería. Las dehesas

            Continúa la economía extensiva a través de la explotación, más o menos racional, de los montes: se sigue adehesando, sobre todo por particulares, puesto que las dehesas boyales se habían adjudicado ya a cada núcleo de población. Natural consecuencia de esta economía, proliferan los colmenares y la riqueza melera y cerera. El ganado va­cuno, y sobre todo el cabrío, que va destruyendo el bosque, reduciéndolo a monte bajo, aprovecha el matorral y el hierbazal, siendo una base muy sólida de su economía y el necesario apoyo estructural de su modesta agricultura..

            Ya hablamos oportunamente de la dehesa y distinguíamos las llamadas boyales. Estas pertenecen, por concesión del Municipio toledano, privativamente, a los diferentes pueblos, por el tiempo que conceda aquel Ayuntamiento. que en la práctica era a perpetuidad; pero los pueblos, como comunidad, no tienen intervención en sus pastos, por no ser comunes. Así, cada lugar arrendaba esos pastos a los ganaderos de la Cabaña Real, previa licencia de Toledo. Luego, en los términos respectivos, había otras dehesas, propiedad del Ayuntamiento toledano, cuyos pastos se arrendaban a los merineros o a los carreteros de la Cabaña Real. En el término de Alcoba se ubica la dehesa de El Rostro, que arrienda el Ayuntamiento de Toledo en 2.400 reales: en ella se hace carbón por valor de 7.000 arrobas, en beneficio de esa ciudad. Las dehesas boyales arrendadas valen La de Alcoba, 756 reales; la de Fontanarejo, 1.300; la de El Horcajo, 2.300; la de Navalpino y Las Navas de Estena se arriendan cada una en 700: la de La Retuerta, en 300 reales. Miden estas dehesas 230 fanegas la de Alcoba (la de El Rostro, 700) ; la de Arroba, 2.650 la de El \/Iolinillo, 1.896: la de Navalpino, 465, y la de Las Navas de Estena, 100 fanegas.

            Veamos ahora algunos datos que sirvan de respaldo a las notas que se dieron sobre el monte: Los catastros y las relaciones que venimos manejando expresan la naturaleza del monte. Se repiten, como constante geográfica, que las sierras, cerros, rañas, barreras y navas se cubren de todo género de "árboles y yervas silvestres", o "pobllado de jara, chaparro, quegigo, encina, madroño" ; otros añaden a este común denominador del monte el oloroso romero y la áspera ahulaga '. A veces, en el espeso monte se abren paso árboles menos silvestres: "Varios montes de chaparro, encinas, algunos huertos con álamos, castaños y nogales, de poco fruto" '. O se añade a lo anterior el roble. Más gráficas son las descripciones del catastro: "El término, como queda dicho, se compone de matorrales, montes. riscos, encinas, sierras v tierra árida": mezclando en desordenado conjunto la agria topografía con la vegetación; a las encinas se añaden las breñas. Así, en general, se describen los montes. En ese medio viven v medran las posadas de colmenas. El número de corchos meleros se eleva a 12.025, contando sólo las que son propiedad de los vecinos, forasteros, capellanías v cofradías no se incluyen los propietarios eclesiásticos, debiendo y suponer un tercio, aproximadamente, sobre la cifra mencionada. No es, por tanto, exagerado dar a esta zona de los Montes una riqueza melera de 16.000 corchos, cuyas utilidades, de cinco a seis reales por unidad, suponen, en el peor de los casos, 90.000 reales al año. Equivaliendo a una de las fundamentales bases de la economía, en esta centuria que venimos considerando.

            Esta riqueza se reparte, en cuanto al vecindario se refiere y por pueblos, en la siguiente medida: Alcoba, 1.800 corchos; Arroba, 860: Fontanarejo, 350: El Horcajo, 2.440; El Molinillo, 1.950:

Navalpino, 1.60: Las Navas de Estena, 1.125: La Retuerta, 1.900. No será necesario advertir que estas cantidades son, generalmente. inferiores a la realidad, por el natural recelo con el que se hacen las declaraciones, incluidas las autoridades locales, siempre reacias a dar las cifras exactas, por otra parte mal conocidas por los mismos propietarios, por esa, llamemos, anarquía mental v escasa o nula organización de nuestro agro en todos los tiempos, en donde la concreción y la exactitud apenas se logran. Ocultar los datos económi­cos es algo consustancial con la idiosincrasia campesina.

            Con el monte y su explotación va unida íntimamente la ganadería, siempre extensiva. Cuenta para su sostenimiento con las dehesas privadas, dehesas boyales, ejidos concejiles y, sobre todo, con los pastizales comunes a todos los pueblos de los Montes. A la menor ocasión se repite, una y otra vez, que estos pueblos tienen derecho a ellos, y con celo se defienden siempre los accesos a estos aprovechamientos colectivos, enumerándose los pueblos que se integran en este beneficio y, a veces, las causas históricas y económicas que los motivaron.

            Hay que destacar la ausencia total de ganado lanar, el numeroso rebaño cabrío, en donde se cuentan no solamente las cabras, sino los machos, que se ceban para carne v que tienen en zonas muy ale­jadas de los Montes gran aceptación por la bondad de su carne. Las machadas eran famosas no sólo en los mercados de Toledo v Madrid, también en las lejanas tierras de Valencia. No olvidemos que la cabra proporcionaba la única carne que se consumía ordinariamente en el territorio, aparte la caza. El vacuno se dedica, con preferencia, al laboreo de las tierras; apenas hay algún ganado mular. El cultivo necesita animales poderosos, que venzan la aspereza del suelo: animales frugales, resistentes, de rendimiento económico. Las mulas apenas se utilizan, por su carestía v escaso beneficio económico.

            En un país de pésimas comunicaciones, en el que predomina la vereda serrana, no es extrano que sean relativamente numerosos los caballos, yeguas v, sobre todo, los asnos; éstos llevan, por lo general, el peso de la arriería, del mezquino transporte, a más del laboreo de la tierra.

                                 La ganadería en 1752

 

 

Labor

 

Carne y vientre

Pueblos

Vacuno

Mular

caballar

Asnal

Vacuno

 Cabrío

Cerda

Alcoba... ... ... ... ... ...

88

--

6

20

130

780

45

Arroba ... ... ... ... ... ...

120

5

7

60

3-10

1.070

150

Fontanarejo ... ... ... ...

76

I

4

50

70

1.339

118

Horcajo (El) ... ... ... ...

210

7

37

70

235

1.099

95

Navalpino ... ... ... ... ...

300

3

7

75

80

3.550

80

Navas de Estena (Las)...

33

2

16

3

117

530

16

Retuerta (La) ... ... ... ...

83

-

26

37

83

993

35

Totales ... ... ... ...

811

18

103

315

1.066

9.280 .

539

            Por último, el ganado de cerda, que aplicará la bellota, la rastro­jera y da lugar al lugareño la grasa necesaria para su alimentación, sobre todo el tocino, pieza fundamental en el cocido que, indefectiblemente, comerán, en el mejor de los casos, a lo largo de todo el año. En la consideración de la ganadería separamos la de vientre v carne de la dedicada al trabajo exclusivamente.

            En las 12.132 cabezas que suma el censo ganadero tiene el cabrío, como ya advertimos, el lugar más destacado, con más de 9.000 cabezas; esto dice mucho sobre el porvenir del monte, que tiene. repitámoslo, en este ganado, su más encarnizado y seguro enemigo. El censo de vacuno es también, dentro de más limitado marco, apreciable, con un total de casi dos mil unidades, entre bueyes, vacas. ganado cerril y terneros.

            La ganadería es otro de los más firmes puntales de la riqueza en la zona que estudiamos; la utilidad del cabrío se cifra en 55.680 reales,; la utilidad del vacuno de vientre llega a 4.842 reales.

El término. Medidas, reparto de la tierra y sus clases. Los cultivos

            El Catastro de Ensenada nos facilita copiosa información estadística sobre la distribución de la tierra, en cuanto a su aprovechamiento ganadero v agrícola, dándonos prolijas cifras de la extensión de sus montes v breñas, así como de sus términos. En este caso los términos son puramente económicos, no administrativos. puesto que carecen de ellos en este sentido, va que el Municipio toledano es dueño v señor de todos los Montes, v sólo, a efectos de explotación se pueden considerar términos. O sea, aproximadamente el término económico abarca la tierra hasta donde llega el cultivo de los vecinos: los pastos, montes, son comunes. Así se dice reiteradamente: "Que este pueblo no tiene término alguno, por ser uno v otro del Ilustrísimo Ayuntamiento de Toledo, que él tiene señalado para distinción de la jurisdicción de los demás, en el que se incluyen las tierras labrantías que usan los vecinos para su cultivo y hacendados en él..."

            La totalidad de los términos suman, de este a oeste, 23 leguas 12 ; de norte a sur, 19 y cuarto; de circunferencia miden 67 y media tardándose en recorrer toda la zona que estudiamos once días y me­dio, aproximadamente, por "ser tierra muy árida y hallarse situada entre riscos y peñas..."

            En todos los pueblos que estudiamos la medida que usan para las tierras de cultivo se llaman fanega, que es "de quinientos estadales de once pies cada uno" 13.

            Ya sabemos que las tierras son áridas, riscosas o pizarreñas, con abundante mntorral, depositados en las rañas, en el fondo de los valles o en los pandos de las sierras. El suelo, en general, es poco fértil, cubierto de monte, que va rozando o descuajando, según las necesidades agrícolas. La roza puede acabar con el bosque de Quercus, pero el descuaje o descepe (en el país, escepe y escepar) tiene consecuencias más funestas, como el acabar con el matorral y dejar estas tierras, de alguna verticalidad, expuestas a la erosión pluviosa y fluvial.

            En el siglo que venimos considerando la roza es una forma de cultivo muy usada. Se torna un trozo de monte común, según la ordenanza, se quema y sobre las cenizas se siembra: la cosecha es segura, aunque siempre de escaso rendimiento. Los suelos rozados son siempre de inferior calidad; cultivándose en ellos, por lo general, centeno. "La obra de la roza ocupa bastante tiempo, con inmenso trabajo."

            Otra clase de tierras son la llamadas hojas, en donde se siembra trigo y cebada, principalmente, aunque las hay de las tres calidades buena, mediana e inferior,: algunos términos, como el de Las Navas de Estena, carecen de tierra de buena calidad.

            Finalmente, hay otros suelos, los mejores e inmediatos a los caserlos, que se llaman cercas; son las tierras más valiosas y estimadas, en donde se siembra preferentemente trigo y alguna cebada.

            Son menos frecuentes las tierras dedicadas a huertas y a viñedos. Las tierras se dividen, por su calidad, en tres Clases; sumando las de buena calidad, 562; de mediana, 580, y las de inferior, 517 fanegas. Haciendo la misma operación en las hojas, ofrecen las siguientes cantidades: 400, 592,5 y.681 fanegas. Las rozas suman, por calidades, 32, 7 y 505. Los datos que se tienen de las tierras incultas suman 44:.820 fanegas; cifras, como puede apreciarse, muy incompletas. A. todas hay que añadir las ya dadas, más arriba, de las dehesas, y, las muy escasas, del regadío y de viñedo. Las de regadío suman ocho fanegas; el plantío de vides se extiende a 6,5 fanegas.

 

                     Reparto de tierras por tipo de suelo y clases del mismo, en 1752

 

 

  Cercas

Hojas 

Rozas 

 

Municipios

Regadío

Viñedos

B

M

I

B

M

I

B

M

I 

Incultas

Alcoba ...

 

 

40

2

1

19

29

10

 

 

 

 

Arroba ... ... ... ... ...

1,5

12,5

52

34

31

336

146

316

32

7

2

20.000,5

Fontanarejo ... ... ...

4

25

344

310

156

 

   

 

 

 

8231

Horcajo (El) ... ... ...

 

 

97

217

356

 

   

 

 

19

 

Molinillo (El)* ... ...

 

 

 

278

 

 

   

 

 

110

1L000

Navalpino... ... ... ...

 

28

29

17

3

59

283

195

 

 

51

13.600

Navas de Estena

-

 

 

 

 

 

33

10

 

 

20

 

Retuerta (La) ... ... .

2,5

 

 

 

 

 

101,5

150

 

 

25

 

            Los cultivos son, aparte el escaso regadío y el viñedo, el trigo, cebada y centeno. Las tierras de buena y mediana calidades, por lo general las siembran de trigo, y a las de inferior y a las rozas las suelen echar centeno; el cereal por excelencia en estos suelos ásperos y de escasa fertilidad. A la cebada, como ahora veremos, se dedica poco lugar.

            Ocupa el primer lugar el cultivo del trigo, seguido por el del centeno y la cebada. Hay que destacar en Arroba el cultivo de cereales de regadío, en tierras de mediana calidad, que ocupan un área de 86 fanegas. El viñedo comienza a cultivarse. Adviértase la total ausencia del olivar. El cultivo hortícola se reduce al mínimo. Aparte las tierras labrantías y las dehesas, quedan otras, de muy extensa área, incultas. Algunos catastros dan la cifra de ellas: Este es el caso de Arroba, con 20.000 fanegas de suelos incultos; en Fon­tanarejo se cifran en 826 fanegas "sin utilidad alguna, más que la de aprovecharse sus vecinos de la leña que necesitan para el consu­mo sus casas". Las de El Molinillo ocupan 110.000 fanegas.

Rendimiento agrícola y producción. Valor de los productos

            No creernos necesario insistir en que el suelo es pobre, de escasa fertilidad, por ello el rendimiento agrícola es miserable. Si se valorase el trabajo, resultaría una agricultura antieconómica, una actividad no rentable, como hoy se dice. Pero, entonces, el rudo esfuerzo del labriego no tenía ningún valor; sobran brazos, que no pueden emplearse en otra cosa, y se entregan a la áspera tarea con fatalista energía. Siembran para mal comer y poder seguir sembrando en la siguiente otoñada, sin que de la agricultura obtengan otro beneficio que el poder asegurarse el diario sustento y el del ganado que utilizan en sus labores. Por todo esto, causará sorpresa el que se :obtengan cosechas mínimas, a veces iguales o inferiores a la cantidad sembrada. Pero ésta es la vida, sin horizonte, del labriego de nuestra comarca, en este siglo que venimos considerando.

            En las cercas la cosecha es alentadora, por ser tierras óptimas, de profundo suelo agrícola, muy estercoladas. En las de mediana calidad las cosechas bajan mucho y más aún en las de inferior y en las rozadas, siempre trabajosas.

            Apenas tenemos datos de las cosechas totales; las relaciones de Tomás López dan los únicos, que ahora ofrecemos, en 1787. Su detalle, incompleto, es, en fanegas: Alcoba, 1.100 de trigo, 180 de cebada y 100 de centeno; Fontanarejo, 2.000, 500 y 80, y Navalpino, 2.000, 500 y 80, respectivamente. Por otra parte, Fontanarejo produce 90 arrobas de vino limpio; Navalpino, tres arrobas por cada 400 cepas; La Retuerta, cuatro arrobas por aranzada 14.

            Aunque los precios oscilan en relación con las cosechas, por lo general son estables en la segunda mitad del siglo XVIII. Ya pasa­ron los años difíciles de la guerra de la Sucesión y en el 1752 la vida económica de España discurre por un camino bonancible. El precio de los cereales, sobre todo del trigo, es sólido, siempre más alto en las zonas muy productoras, que suele alcanzar los 18 reales por fanega 15.

            En Las Navas de Estena el trigo que se produce "es de mala calidad, llamado tranquillón, que es lo que se recoge por producir la tierra que lo cría variable malas semillas" 16; igual sucedía en La Retuerta.

            La utilidad del ganado es la siguiente: El vacuno oscila 12, 10 y 8 reales. En general los vecinos suelen tener una, dos y tres vacas de cría. El cabrío, más abundante que ningún otro, como ya se vio, deja por cabeza 6 y 5,5 reales por unidad. En cuanto al carnero y la oveja, en escaso número, deja cinco reales por cabeza.

La industria. Molinos y carbón

            Siendo la base de su economía el cuidado de sus rebaños, la agricultura y explotación del monte, su industria se condiciona por esas principales actividades: La preparación de pieles e hilado de lana con carácter familiar, la molturación del grano, principalmente del trigo y del centeno y el carboneo, con la secuela de su transporte a Talavera y a Toledo.

            La actividad harinera ya se movía, a mediados del siglo xvi, en torno a 22 pequeños molinos, sobre el Bullaque y algún arroyo más secundario, aunque las paradas del Guadiana venían á remediar la imposible situación creada por el estiaje. Entonces, en esa centuria aludida, había en Las Navas de Estena siete molinos, cinco en La Retuerta, cuatro en El Horcajo, dos en Navalpino y en El Ros­tro, uno en Los Cadocos y en El Molinillo. Todos con escasa renta; alguno suponía el miserable ingreso de medio celemín de grano.

            A mediados del siglo XVIII se registran solamente 13 molinos, uno de ellos sin utilidad, los demás rinden 109 fanegas de trigo y 1.706 reales. Se reparten así: Tres en Arroba, dos en Fontanarejo, cuatro en El Horcajo, dos en Navalpino y uno, respectivamente, en Las Navas de Estena y en La Retuerta del Bullaque. Los de Arroba se localizan : dos en el Guadiana y el tercero en el arroyo de San Marcos; uno pertenece a un patronato eclesiástico. Los de Fontanarejo, uno de ellos ubicado en el arroyo de San Marcos, no funciona por falta de muela, el otro está en el arroyo de La Mimbrera. Dos de los molinos de El Horcajo pertenecen a capellanías, dos se localizan en el río Frío. Los de Navalpino, uno muele en el arroyo de Valde­hornos y el otro en el Guadiana. El único molino de Las Navas de Estena se localiza en el arroyo de Los Reales; el de La Retuerta muele en la ribera del Bullaque.

            La abundancia de colmenas origina cierta industria cerera ; en El Horcajo hay dos lagares de cera, una con buena y eficaz instalación, por lo que renta 300 reales; un segundo lagar, más pobre, sólo produce una utilidad de 50 reales.

            En todo el territorio sólo funciona, a veces, un tejar, para labrar ladrillo y tejas, propiedad del Concejo de El Horcajo; "pero no es continuo su uso por carecer este pueblo de persona que entienda el ejercicio y ser preciso buscarla en otro, lo que no se hace si no es en las ocasiones que los vecinos necesitan porción de teja y ladrillo". Tiene una renta de 30 reales.

            La actividad carbonera continúa siendo una de las bases de la economía comarcal. En Alcoba se producían unas siete mil arrobas de carbón; valiendo 16 maravedís la unidad.

Los tributos eclesiásticos y civiles

            El vecindario de los Montes y sus tierras estaba gravado con los varios impuestos eclesiásticos: Tales diezmo, primicia, voto de Santiago; y los civiles, entre ellos el dozavo, por no citar ahora sino los más importantes. El diezmo está, a su vez, gravado con la llamada tercia real, o sea la tercera parte de la décima recibida por la iglesia. La tercia revertía a los lugares de los Montes, por merced del rey, según documentos cuyas copias se conservaban en los diferentes pueblos y el original en el Archivo de Navalucillos de Toledo.

            El contador mayor de rentas decimales arrienda el servicio, celebrándose el remate en Toledo. Satisfacen el diezmo por parroquias que suelen reunir varios pueblos; con sus diezmos constituyen un montón. El valor de los diezmos puede servir de base para, sobre ellos, calcular aproximadamente las cosechas que se recogen; a este fin damos las cifras siguientes: Suponen los diezmos 796 fanegas de trigo, 183 de cebada y 90 de centeno, más 1.128 reales.

            La primicia, de la cual se benefician los curas párrocos, se cifra en los siguientes valores: 80 fanegas de trigo, 65 de cebada, cuatro de centeno y 1.108 reales.

            Las minucias levantan 18 fanegas de trigo, ocho de cebada, dos de centeno y 114.460 maravedís.

            El voto de Santiago equivale a 547 fanegas de trigo y siete de centeno.

            Normalmente cada dezmería es una parroquia, pero suelen, a los efectos del diezmo del montón, o sea el pagado en grano--trigo, cebada, centeno--, llamado también de pan, reunirse varias parro­quias e iglesias. Las dezmerías están formadas por las siguientes unidades: Alcoba-Arroba, Fontanarejo, El Horcajo (salvo el Hornillo y El Aguilero, que se juntan al montón de La Helechosa), Naval pino, La Retuerta-El Molinillo.

            Aparte las ya referidas cargas eclesiásticas, pagaban de impues tos civiles: Por el dozavo, 7.195 reales al Ayuntamiento de Toledo, como señor que era de los Montes, en donde se localizan estos mu­nicipios. Por el servicio ordinario y extraordinario, 1.552 reales y 52 maravedís; por las alcabalas, 5.327,54; por cientos antiguos y renovados, 1.260,62; por millones, 6.006,71; que hacen un total de 21.457 reales y 41 maravedís. Debiendo advertir que los datos parciales no son Completos.

Sociedad. Utilidades y salarios

            En el ambiente rural de los Montes se mueve una sociedad, en donde la masa labriega, pastoril de vaqueros y cabreros, y carboneros constituyen la casi totalidad. Es una sociedad poco diferenciada, puesto que casi todos son humildes campesinos. El cura, el cirujano,. el escribano y algún artesano completan la rústica comunidad, constituyendo también la escasa minoría directora.

            Corno en los siglos XVI y XVII, la constante es la pobreza, cuando no la miseria. En el Catastro de Ensenada se leen las siguientes palabras, que respaldan esa afirmación: No hay carnicería "por la imposibilidad y pobreza de este pueblo". No hay panaderías, "pues este abasto se ingenian los vecinos para tenerle en sus casas para el consumo de sus familias". En otra ocasión leemos: "... a causa de ser muy corta la población y hallarse (el pueblo) aniquilado".

            Los labradores son, a veces, jornaleros, tienen vaca, cabras o co­menas; algunos se dedican al trato del ganado cabrío, de cera y, muy pocos, a la arriería, con un par de caballerías menores, o a portear carbón. Los carboneros de La Retuerta, en el 1752, conducen a Madrid 85 carretas de carbón. Por un momento pensemos en las lentas y pesadas carretas, arrastradas por una pareja de bueyes, re­montar los puertos de la divisoria de los Montes y salvar la gran distancia, para entonces, que separa la capital de la nación de esa pobre aldea 26. La mayor parte de los vecinos tienen algún ganadillo, incluidos los jornaleros.

           Vecinos que poseen, en 1752, algún ganado

Municipios

Vacas

Cabrío

Lanar